jueves, setiembre 21, 2006

El Perro y el Conejo


Junio 22 de 2006
Dedicado a José Luis

Esta es la historia de Juanito, el perro. Cazador de gatos, ratones, lauchas, gorriones, gallinas, abejas, moscas y conejos. Odiado en el vecindario por otros perros, porque a todos les ganaba la pelea… odiado por los vecinos porque no los dejaba entrar, odiado por la gente que pasaba por la calle cuando él estaba asomado y apoyado con sus manos en la puerta de calle y odiado a muerte por el perro de al lado. Saltador olímpico de las panderetas (en varias ocasiones se pasó pal lao a pegarle al perro de allá). Alimentado con comida casera, se comía el zapallo cuando pillaba a mi tía descuidada con el carro de la feria. Se comía las tunas con cáscara sin importarle las espinas y se comía las paltas que iban cayendo desde el palto. Flatero por naturaleza (seguramente su hígado estaba malo de tanto comer paltas verdes). Y ladrón de presas de pollo asadas (cuando una vez mi tía hizo un asado con sus amistades del trabajo y éstos se descuidaron con los platos). Bautizado como Juanito, por un colega de mi tía, al que ella quería mucho.

Y es la historia de Martín, el conejo. Comedor de pasto, lechugas, zanahorias, apio y otras verduras. Roedor por naturaleza… acostumbrado a asomar sus dientecillos para mordisquear la reja de su jaula. Inocente y tranquilo. Bautizado como Martín Conejín por los chiquillos que leían una revista donde salía un conejo como protagonista.

Juanito llegó a la casa un sábado por la mañana. Mi papi se dirigía a su trabajo y lo encontró en la calle. Cuando perdimos a nuestro perro anterior, un boxer llamado “Greco”. Llamamos a los carabineros, y como es de suponer, no encontraron al ladrón… pero un paco le dijo a mi papi “lo que está en la calle es de nadie”. Entonces mi papi vió aquel cachorro solitario, lo tomó en brazos y se lo llevó a la casa.

Martín llegó un día de semana. La tía Eliana que venía de Talca, lo trajo en un canasto que parecía para transportar serpientes, por su altura, su forma y la tapa que tenía. Venía con su polola, una conejita linda como él… pero que por nuestro descuido se arrancó a la calle y nunca más supimos de ella, dejando de esta manera, viudo a nuestro conejito.

Juanito, era mezcla de pastor alemán y coli. De hocico alargado, pelo muy largo negro, pecho blanco, manos, zapatos y cejas cafés.

Martín, era un conejo silvestre, no blanco, ni negro. Café, con un pelaje suave y lustroso muy parecido en el color a las plumas de los patos silvestres.

Nosotros, amantes de los animales, pasábamos tomando en brazos a Martín para acariciarlo, tocar sus orejitas y agarrarle su rabito blanco. Cuando hacíamos esto, Juanito siempre lo aguaitaba, acechándolo, deseoso de capturarlo (es que él perseguía todo lo que se moviera). Cuando Martín corría Juanito volaba tras de él… y nosotros tras Juanito, por temor a que lo mordiera.

La jaula de Martín, era de tres pisos. El primer piso era su baño, el segundo era su sala de estar y donde caían todas las verduras que tirábamos por la puerta del primer piso. Por el primer piso él entraba a su mansión. Las tablas de su jaula estaban medio podridas y con el roer de los dientes de Martín se fueron desgastando más y más. Héctor era quien la arreglaba y le limpiaba la caca cada vez que podía (cuando viajaba a Santiago porque estudiaba en Talca).

Mi tía compraba en la feria plantas nuevas para su jardín, las que plantábamos los días domingo, pero pocos días después de estas faenas mi tía se preguntaba “¿Y qué pasó con las plantas?” No había explicación, las plantas amanecían mochas. Alguien se las había comido. Mirábamos a Martín y él inocentemente mascaba sus ramas de apio y sus zanahorias dentro de su jaula.

Al poco tiempo nos dimos cuenta que el perla (Martín), por las noches salía a dar un paseo por el jardín y de paso pasaba a saborear las flores de mi tía. Por las mañanas amanecía en su jaula como si nada. Tardamos en descubrir que su jaula tenía un orificio que él mismo había roído. Eso demostraba que era un conejo inteligente. Lo pillamos al sentir el alboroto de Juanito por querer atraparlo. Desde ese momento ya no pudo salir más a pasear porque le tapiaron su salida.

Juanito lo quería después de todo. Eran compañeros. Juanito lo olfateaba cuando lo veía en su jaula masticando zanahorias.

Un día, no me acuerdo quien de nosotros, fue a darle comida a Martín y lo encontró tieso y con los ojos abiertos en su jaula. Juanito se puso triste, y a los pocos días lo siguió… como siempre lo hacía.

Foto: Juanito en brazos, mi hermano Iván y Martín sobre la mesa

lunes, agosto 28, 2006

Capítulo Cerrado

”Tu bien sabes que no fue mi culpa
Tu te fuiste sin decirme nada
Y a pesar que llore como nunca
Yo seguía de ti enamorada.

Pero te fuiste,
Y que regresabas,
no me dijiste,
Y sin mas nada ¿porqué?
No se,Pero fue así, así fue…”

Miércoles 24 de mayo de 2006

Cuando retomé el dialogo con Luis y le conté todo lo que había pasado en mi vida luego de nuestra relación. Le dije que no le guardaba rencor, al contrario, quería que supiera que no tenía ningún sentimiento de odio en su contra. Y que por su causa yo había crecido enormemente. Me había independizado, había madurado y el sufrimiento que había vivido, ya estaba atrás.

Lo que yo sentí por él fue muy grande y profundo. En los años de ausencia, la esperanza nunca me había abandonado, porque yo sentía que si él me había jurado amor eterno en una ocasión, si era amor del verdadero, el que ambos sentíamos, algún día tendríamos que estar juntos… algún día él volvería a mí en nombre de ese amor. Entonces, seguí abrigando esperanzas con él. Hasta que nos reencontramos.

Tres años no habían sepultado su cadáver. Me engañé pensando que Gonzalo le había echado tierra a su fosa, hasta no dejar nada a la vista… pero no fue así. Cuando lo vi nuevamente mi corazón volvió a sentir casi lo mismo por él. Sus abrazos… sus caricias… sus besos… eran los que tanto había extrañado… volví a vivir unos días llenos de color, de alegría… al fin estaba con el único hombre que despertaba todos mis sentidos, volviéndome loca de deseo… de pasión.

Pero… dos líneas paralelas, no se unen jamás…

“Angélica: El verte tan exquisitamente atractiva, tan independiente, tan segura de ti misma, tan autosuficiente y tan rica...... me generó una sensación de temor... Temor por sentir esa necesidad de ti y de querer seguir descubriendo cosas en ti.... temor de pretender formar parte de tu existencia y de que formaras parte de la mía.

Soy y seré un solitario. No sirvo para convivir con nadie. El problema no eres tú. El problema soy yo….”

Su correo volvió a entristecerme, pero ya no sufrí. Sólo se sufre la primera vez… cuando el dolor quema el alma… cuando la pena deja tallados con sangre nuestros recuerdos… no, ahora era distinto.

Sentí pena por él. En realidad que él no merece una mujer como yo. Yo soy demasiado para él… No, yo ya no quiero un hombre como él, un hombre sin ambiciones, sin aspiraciones, que espera que todo llegue solo y nada busca…

Las cosas tienen su proceso y debían ser así para que por fin, entendiera que debía matar aquella esperanza. Y así lo he hecho… la puerta que había quedado abierta para ti, hoy se cierra… se cierra para siempre.

Y se cierra definitivamente este capítulo de mi vida, llamado… “Luis”.

jueves, agosto 24, 2006

La Abuelita Inés

Domingo 21 de mayo 2006

Tengo muchos recuerdos lindos de mi abuelita (y espero seguir teniéndolos).

Hace poco cumplió 89 años. Da penita verla tan curvada al caminar con la ayuda de su brazo-bastón ortopédico. En él se apoya para caminar, pero su columna está tan curvada que cuando va por ahí, se me ocurre que sólo puede ver el suelo. De repente, levanta su cabeza blanca y mira hacia el frente.

Ayer estuvo en mi casa. Le gustó el paseo. Sintió como si hubiese estado fuera de Santiago. Y lo estuvo porque Quilicura está en la periferia, pegadita a la carretera Norte. “Una hora más y llegamos a Coquimbo”, dice el Héctor cuando me va a visitar.

Me sentí contenta con mi abuelita en la casa. Estaba feliz con mis niños. Es que Horacio y Ambrosia fueron criados por ella.

Cuando era chica me gustaba que mi abuelita nos fuera a visitar. Era como esas abuelitas que siempre llevan galletas y dulces a sus nietos. Hasta el día de hoy todavía me regala golosinas, pero ahora le regala más a mis sobrinos.

Con mi papá era muy cariñosa. Él le decía “mami”. Una vez mi papi le dijo en broma “afírmate vieja, sino no pasai agosto”, pero ha pasado muchos agostos más de los que vivió mi pobre papi.

Le encanta jugar brisca y tomar mate. Cuando yo era liceana la invitaba por las tardes a tomar once. Ella llevaba todo: el pan, el jamón (del que le gusta a ella porque es re mañosa), el queso, el mate y las hiervas para el mate. Ahí tomábamos mate todas las tardes de invierno. Añoro esas tardes. Ahora sola en mi casa ya ni ganas de tomar mate me dan.

Cuando llegaba mi papi del trabajo y nos veía jugando brisca, se sumaba él también al juego. A mi abuelita le gusta ganar y no le gustaban los “paquetes” (alzamiento fraudulento de cartas) del Iván y de mi papi.

Ella me regaló varios de mis LP de Miguel Bosé.

Le encantan los animales. En especial los gatos. Siempre en su casa hay gatos. Los vecinos como saben que los ama, también van a botar gatitos a su puerta, y ella los recoge generosamente. Hasta les hace comida especial con cabezas de pescado y esas cosas.

Le encantan las flores. Siempre que me iba a visitar, me llevaba un ramito de flores de su jardín. En primavera llegaba con sus grandes fresias de colores y me las regalaba con todo su amor. También me regaló hartas matas de distintas especies para mi casa: Vara de la Justicia, cardenales, pelargonias, estrella de belén, etc. Hasta me quiso regalar su propio Diamelo, cuando me fui a Quilicura, pero yo no lo quise aceptar, porque temí que la planta, ya tan crecida no soportara el trasplante y muriera.

Es buena para cocinar también. Hace un pan amasado con cintura, exquisito. Tiene sus deditos deformes por la artritis.

Yo sentí ayer que estaba a gusto en mi casa, porque parecía que no se quería ir. Estuvo con Horacio echado en su pecho toda la tarde. Trataré de invitarla nuevamente en verano.

Me siento contenta cuando recibo visitas en mi casa. Le hice un pisco sour que le encantó, y es que lo preparé especialmente para ella...

martes, agosto 22, 2006

¡Ya están aquí!



Lunes 17 de Abril de 2006

Estoy feliz. Al fin puedo entregar ese caudal de amor que lleva encerrado mi corazón. No puedo definir mi alegría. Tanto tiempo soñando con ello. Al fin ha llegado este momento.

Llegaron mis hijos. Horacio y Ambrosia (la abuelita dijo que era muy hambrienta, así que ese será el nombre perfecto!). Ya están en mi casita.
Dos hermanitos que me dieron mucho quehacer cuando los llevaba camino a tomar la micro. Ambrosia asomaba su cabeza y se me salía de la bolsa. Tenía que detenerme a cada rato y volver a meterla en el canasto que llevaba boca abajo para que no se escaparan.


Estaban asustados por los ruidos de los vehículos. Al principio maullaron, luego se tranquilizaron. Horacio hasta se durmió una siesta en el viaje. Me asustó… pensé que le faltaba aire y que estaba dormido por eso, pero no… sólo tenía sueño. Ella en cambio, no durmió nada, iba observándolo todo y de vez en cuando se echaba un ratito en mis faldas, sin dejar de mirar hacia todas direcciones.

Entré a mi casa y los dejé en el suelo para que observaran y descubrieran su nuevo hogar. Los puse sobre la cajita de arena que ya les tenía preparada para sus necesidades. Horacio la bautizó altiro, en señal de que ya sabía para qué estaba ahí. Eso me gustó. Es habiloso. Juguetón… le entregué su pelotita de plástico y jugaba tras de ella, divirtiéndose. No tardó mucho en escalar por mis ropas y llegar hasta mi hombro. Creo que le gusta porque cuando está ahí ronronea. Es colorín atigrado. Me encanta.

Ambrosia es más desconfiada. No se dio altiro a mí. Rápidamente buscó un lugar donde esconderse y protegerse. Cuando yo me movía corría a su escondite, luego salía silenciosa y me observaba. Le costó llegar a mi dormitorio. Le costó subir a mi cama. Porque cada vez que intentaba tomarla, huía de mí.

Les puse agua para calmar la sed del viaje. Horacio tomó y comió también. Ambrosia sólo miró los platos… Estaba intranquila. Pero hoy ya amaneció con ganas de estar conmigo, porque mientras me bañaba me llamaba con sus maullidos. Y ahora se iba derechito a mi dormitorio.

Son las 13:30 y ya estoy ansiosa por llegar a casa a ver cómo están mis niños… mis hijitos lindos. Esto de entrar en la gaternidad…

jueves, agosto 17, 2006

Mis Hijos

Jueves 09 de marzo 2006

Me siento como si estuviera embarazada y esperara impacientemente la llegada de mi retoño. Y es que voy a entrar al mundo de la “Gaternidad” (como dice mi amiga Paola). Es que voy a ser madre de dos hermosos gatitos. Ellos están siendo criados en este momento por mi abuelita (materna) Inés. Y como recién están aprendiendo a comer solitos. Esperaré unos días más para llevarlos a su nuevo hogar.

De ahí que me siento entusiasmada como si estuviera embarazada. Al igual que la llegada de un bebé, yo también debo preocuparme de las cosas mínimas que van a necesitar mis niños.

Lo principal: Su cama. El lugar donde pasarán sus días de frío y calor. Estoy pensando por mientras (hasta que pueda comprar una de esas camas afelpadas que venden) colocarlos en una caja más o menos grande. Tiene que ser un lugar confortable para que sea apetecible dormir ahí. Que no tengan necesidad de buscar mi cama. Aunque igual si me van a ver los dejaré escalar por mi colcha hasta llegar a mí. Los abrazaré y de seguro los dejaré que se acuesten a mi lado, o sobre mi almohada o sobre mí.

Voy a buscar en casa de mi tía unos tiestos (de los muchos que compré cuando vivía allá para los gatos que criamos allá) y lo llevaré a mi casa. Compraré un tarro bien grande plástico con tapa (como el que tiene Iván) para guardarles su comida. Ayer estuve mirando el alimento para cachorros. También tengo que empezar a comprar leche para tenerles su platito todos los días.

Necesito un cepillo para cepillar su pelaje y mantenerlo, suave y libre de pelos sueltos. Se nota que estoy entusiasmada ¿no?

En casa de mi tía está la bandeja que será su baño (allá ya no la usan). Así que compraré arena sanitaria para que hagan sus necesidades. Quiero que se acostumbren a su baño y así no me estropeen el pasto y mis plantas.

Ya me imagino acariciándoles la guata, cuando estén panza arriba. ¿Sabían que los gatos demuestran su confianza en ti, ofreciéndote la pancita? Ellos sólo te ofrecen su panza cuando confían en ti y quieren que les hagan cariño.

Ya tengo desde hace más de un año, unos troncos de cuando podé mi árbol de la calle. Los guardé especialmente para que mis querubines se puedan afilar las uñas (y así no busquen la madera de los muebles para ello).

Estoy impaciente por tenerlos ya en mi casa. Ellos me van a acompañar y se pondrán felices cuando llegue a casa. Sé que me recibirán con sus maullidos y estableceremos un diálogo de palabras y maullidos. ¿Les dije que era una parejita? Claro que cuando ella crezca tendré que operarla, porque no puedo mantener un regimiento de gatos aunque quisiera. Él ya tiene nombre. Se llamará Horacio. Es rubio atigrado. Ella es blanca con manchas plomas y amarillas. Todavía no le encuentro un nombre digno. Es que tengo que observarla más. Tengo que estudiar su comportamiento para encontrar el nombre exacto.

martes, agosto 08, 2006

Sin Miedo a Nada

Marzo 04 de 2006

“Me muero por suplicarte, que no te vayas mi vida
Me muero por escucharte decir las cosas que nunca digas
Más me callo y te marchas, mantengo la esperanza
De ser capaz algún día…”

Evitaba esa canción. Dedicada por Gonzalo. Ese día que no pudo llegar a Chile a verme. Cuanto lloré cuando la escuché y con las manos atadas no podía hacer nada para tenerlo a mi lado.

No quería escucharla y no he vuelto a escuchar el Cd, desde que terminamos. Mi corazón experimentó una sensación suave. Sus palpitaciones se hicieron más débiles y sentí cariño por él.

“…Cuanto tiempo vamos a esperar…”

3 años en vano. Donde mantuve la ilusión de tener al fin un hogar, una familia, un compañero, hijos… Todo se desvaneció y sentí rabia contra él. Por su cobardía, por sus miedos, por su inseguridad, por su inmadurez.

“…besarnos hasta desgastarnos nuestros labios...”

La Pao tiene razón, "luego del amor, viene el odio” y yo sentí odio por él.

Mi odio llegó al extremo de despreocupar una planta oriunda de Montevideo. En una visita a casa de Silvia (hermana de Gonzalo), la conocí. Quedé impresionada al ver su belleza y al sentir su dulce fragancia. Debe ser pariente o de la misma familia que la flor de la Pluma, pues sus tallos de tronco leñoso son brazos que recorren panderetas, aleros y terrazas sin parar (como las parras) y como unos dedos va echando guías que se aferran a todo lo que encuentran en su camino infinito. Se debe podar porque es muy invasora. Su flor al igual que la de la Pluma, es de un lila suave muy fragante. Pero a diferencia de la pluma que parece un racimo de uva con sus gajos colgando, ésta, igual en racimos, tiene unos pétalos enroscados como un caracol.


La Flor de Caracol. Así se llama. Mi ex cuñado me regaló dos capis secos que tenía la mata, y yo me los traje a Chile muy escondidos. Sintiendo en el aeropuerto que estaba contrabandeando droga. Los capis estuvieron guardados dos largos años, esperando el momento que yo eligiera para sembrarlos. Tomé un día cuando ya estaba en mi casa, las semillas y las planté. Las cuidé del calor excesivo, la cuidé de las heladas, de la humedad. Hasta que la semilla germinó llenándome de felicidad.

Hay plantas muy difíciles de cultivar partiendo sólo de una semilla y ella creció para mí, convirtiéndose en un pequeño y frágil tallito. De seis semillas sembradas, brotaron cinco ramitas. Las volví a proteger para el año siguiente. Pero mis cuidados fueron poco. En invierno se medio secaron. En primavera no había nada. “Pucha voy a tener que botar la tierra del pequeño macetero blanco” (el único macetero blanco, especial para ella). Escarbé con mis dedos la tierra y encontré algo… era como una pequeña papa, extraña. La volví a enterrar por si brotaba. Pero ya había terminado con Gonzalo y la rabia que sentía contra él me hizo despreocupar la plantita… ya no me interesaba si vivía o no… ya no quería tener una flor de Caracol en mi casa. Y así como saqué del portarretrato nuestra foto de mi velador, la planta quedó abandonada…


Tal vez la pobrecilla sintiera mi desprecio, porque para el verano volvió a brotar, regalándome una larga y hermosa guía, llena de hojitas. Parece que también me trae una flor. Me deleitará con su alegría… y cubrirá el alero que construí para ella.

Será la única planta en Chile, y viene de Montevideo, donde viví momentos maravillosos con Gonzalo.

Después de el amor viene el odio… y después, la indiferencia”.

Eso es lo que vivo ahora, la indiferencia. Por eso mismo no cambié la Radio para evitar la canción, ni la apagué… al contrario, la escuché… y sentí un poquito de nostalgia. Pero yo sé que él no me habría hecho feliz. Éramos muy diferentes, así es que, me convencí de dejarlo pasar y continuar mi ardua búsqueda del amor. Y como sé, que el que busca, encuentra… sigo mi camino.

lunes, agosto 07, 2006

Vida y animales en mi casa

Sábado 17 de Diciembre 2005

No sé porqué salí “Abogado de los Pobres”. Don Lautaro, mi Jefe, siempre me ha dicho que debí haber estudiado leyes, por la manera como defiendo la causa… Aparte que según él, nunca me quedo callada (y he de reconocer también que soy medio Jalisco Zapata – si no gana… empata). El caso es que siempre estoy en defensa del más débil.

Cuando voy por la calle y veo a un perro atacar o perseguir a un gato, me meto a defender al gato… pero, si ese mismo perro a su vez es atacado por un perro más grande… defiendo al perro chico, a pesar de que atacó al gato y yo adoro a los gatos.

Estaba en la cocina, cuando miré por la ventana y vi tres pajaritos, medio torpes en sus movimientos, sobre la pandereta. Movían mucho sus alitas (así como cuando las gallinas se bañan en la tierra y la esparcen para todos lados con sus alas, o como cuando un pájaro se baña en una pileta y salpica agua para todas partes). Uno de ellos emprendió el vuelo y se posó, en el suelo de ripio, que está a la salida de mi cocina. En el suelo, ya había un pajarito que picoteaba por aquí y por allá. Era diferente a los otros, tenía en su plumaje unas tonalidades café oscuro que los otros no tenían, además, era más estilizado. Los otros eran repolludos y sus plumas parecían pelusas.

Al ver al pichón abrir su piquito y mover las alitas de la forma antes descrita, descubrí que era una madre con sus querubines. Los otros, también descendieron y se acercaron moviendo sus alas y abriendo sus piquitos hacia su madre. Ella, como podía metía su pico entre las piedras y lograba sacar semillas o quizás qué cosas que encuentran en el suelo, luego, se las daba a sus polluelos.

Yo estaba fascinada mirando el espectáculo, pero cuando los pajaritos se acercaban a la pared de mi cocina… no podía verlos, pues mi cabeza chocaba con el vidrio de la ventana. Ni me movía en donde estaba, para no espantar a la preciosa familia. Estuve largo rato observándolos, deleitándome con su ternura.

De pronto… miro con horror como viene acercándose lenta y sigilosamente, un hermoso gato negro y guatón. (Me pareció ver a un tigre detrás de su presa) Tenía una mancha blanca en la frente con forma de llama, que me recordó al gatito lindo… Silvestre. Hasta parecía saborearse de antemano, mientras se aproximaba a su presa.

- ¡¡¡Gato!!! – le grité para que se asustara y se fuera, pero no me hizo caso y continuó acercándose. Abrí entonces muy rápido la puerta de la cocina y logré salvar a esos pobres e indefensos pajaritos, los que volaron rápidamente mientras el gato negro y guatón se arrancaba.

Sentí como si hubiese hecho mi buena obra del día. Pensé en la tristeza que podría haber sentido la pajarita, al ver como el gato, negro y guatón, atrapaba en sus garras a una de sus crías. Afortunadamente yo estaba ahí, para hacer justicia y defender al más débil…

viernes, agosto 04, 2006

Entre mis redes

Jueves 15 de Diciembre 2005

Presiono el botón del timbre. La micro se detiene bruscamente. Me aferro a los fierros con ambas manos. Bajo con cuidado y trato de hacerlo rápido, porque si demoro mucho, el chofer echa a andar la máquina antes de que haya apoyado ambos pies en la acera.

El sol acaricia con sus últimos suspiros de calor. Camino por la calle. El gran Parque me espera. Ansioso de que lo atraviese con mis pasos. Los árboles me saludan meciéndose rítmicamente con la fresca brisa que nos envuelve. El pasto húmedo y recién cortado me embriaga los sentidos. Miro hacia los cerros. No creo que exista alguien que disfrute tanto el Parque como yo. Todos los días siento un gran regocijo en su presencia. Siempre logra hacer brotar una sonrisa en mi rostro y me cautiva alegrando mi espíritu.

Afortunadamente elegí una casa que me permite (por la distancia), recorrer diariamente aquel paisaje.

Camino hacia el pasaje que me conduce hasta mi casa. Al centro, todos los días encuentro un perrito callejero. Callejero porque siempre está en la calle y nunca lo he visto dentro de alguna casa. A veces está acostado echado como un ovillo. Yo lo quiero conquistar. Así que lo miro, le hablo y le sonrío. El me mira con ojitos temerosos y agacha sus orejitas como temiendo que me acerque a él y lo asuste.

Como lo quiero “aguachar” para acariciarlo, lo llamó: ¡Psss, psss psss!. Él sólo me mira.

Ya está acostumbrado a verme. Ahora cuando entro al pasaje se pone de pie y me mira. Corre hacia mi tímidamente y mirándome a los ojos. Luego pasa de largo haciéndose el indiferente, yo lo miro de reojo (para no asustarlo). Me volteo lentamente y él se detiene a mirarme. Chasqueo mis dedos y lo llamo. Él se acerca, pero no lo suficiente, conserva la distancia. Le hablo, lo llamó con mis dedos. Le muestro mi mano con la palma extendida hacia arriba y la bajo a la altura de su boca (para que cuando pierda el miedo se acerque y la huela). Me mira, pero duda… no sabe si acercarse más o no.

- No importa :- me digo :- ya caerá…

Con una sonrisa traviesa me dirijo hacia mi puerta. Sé que muy pronto caerá entre mis redes… y cuando eso ocurra, lo abrazaré con mis manos, le haré sentir el gozo de mis caricias en su lomo y con unas palmaditas suaves sobre la cabeza le diré lo importante que es para mi.

lunes, julio 31, 2006

La Puerta se cerró detrás de ti...

Los mensajes de amor seguían llenando mi casilla y con ellos mis sentimientos de amor crecían y crecían.

“Quería decirte que escribís de una manera perfecta y bella ‘Es el árbol que crece y vivirá conmigo’ yo quiero ser ese árbol. Tu redacción debe ser un reflejo de lo que es tu alma, puro sentimiento, pura sensación…
‘Haría puros paisajes así, llenos de colorido’ hagamos de nuestras vidas algo igual, llena de color, de sensualidad, de alegría.
Contás las cosas de una manera simple y bellísima, que da gusto leerlas.
Ojalá no perdamos nunca esta magia que ha empezado a unirnos. Y que saquemos de la vida las mejores cosas para nosotros dos.
Mientras tanto seguiré soñando que huelo tu piel desnuda, que te estremecen mis caricias, que nos sumergimos una y otra vez en un torbellino de besos y de pasión. Deseo estar contigo”

“Yo quiero ser el hombre que llene tu vida. No veo el momento de estar contigo. Sos mi vida, te amo, te necesito. Quiero ser parte de tu vida, no una aventura que pronto se va a olvidar…”


Quién diría que después de todos estos correos todo quedaría en nada. Que su miedo al amor fue más fuerte. Pero lo entiendo porque un hombre casado no va a dejar todo lo que ha logrado por una aventura.

Lo que nunca le perdonaré es que se haya ido con el mismo silencio de la primera vez. Su insensibilidad hacia mis sentimientos, me dolió más que el hecho mismo de dejarme. Aunque mi cabeza era conciente de que lo nuestro no tenía razón de existir. Mi corazón lo amó… y cuando lo perdí, perdí también la alegría, esa alegría que me hacía cantar por las calles rumbo al trabajo, pero encima de todo, dejó insensible a mi corazón.

Ya no creo en el amor. Contigo se fue la niña romántica y enamorada que había en mí.

El amor va dejando puertas abiertas.
Esas puertas deben ser cerradas
Porque si las dejamos abiertas,
No podremos avanzar…

jueves, julio 20, 2006

El Metro

Miércoles 30 de Noviembre 2005

Estaba en la estación Lo Ovalle. Venía de casa de mi tía (en el 18 de Gran Avenida). La caminata hacia el Metro me hizo transpirar. Camino muy rápido, no lo puedo evitar. Soy así para todo.

El tren demoró mucho en llegar. Si demoró 5 minutos fue poco. Se aproximó lanzándonos una bofetada de viento, provocada por la velocidad y por la presión del túnel. Venía casi lleno. No entré, me empujaron y quedé donde apenas podía extender mi brazo para alcanzar el fierro y sujetarme.

¡Qué desagradable! Veo que ya me acostumbré a la micro y al Transantiago. El metro estaba sofocante. Los cuerpos de los pasajeros me tenían aprisionada. El calor era insoportable. Mi pelo estaba húmedo porque lo había lavado esta mañana y lo sentía mojado en mi cuello y mi espalda. Nadie se movía (no podíamos) y todos nos afirmábamos unos con otros. Procuré no perder de vista mi cartera, que de seguro estaba pegada a la espalda de alguna persona.

¡Uf! Al menos la ventana iba abierta y cuando el tren se cruzó con el que venía en sentido contrario, se inundó el ambiente de un rico aire frío, que nos refrescó por un momento. Yo sentía mi cara y mi frente mojada. No podía tocarme siquiera porque ni eso podía hacer. Sentía que la humedad de mi transpiración en mi pecho provocaba que mi perfume emanara aún más su fragancia. Sentía como una gotita me recorría suavemente la espalda y cada vez llegaba más abajo.

Es cierto que el Metro es más rápido (para trasladarse de un lugar a otro), pero también es cierto que la demora a veces es demasiado y eso implica que se llene más en cada estación. Los pasajeros de la Estación Ciudad del Niño (la siguiente de Lo Ovalle) no podían abordar el tren, y con mayor razón les costará a los que suben en las estaciones siguientes. Me pregunto: ¿Será que cada vez hay más gente que utiliza el metro en vez de la micro? o ¿La Restricción vehicular también se aplica al Metro y por eso había menos trenes funcionando?

De cualquier forma. Me carga el Metro, es ¡peor que un Sauna!

martes, julio 18, 2006

Los Jazmines

Carta para mi Amigo Virtual
Noviembre 30 de 2005

Ayer fui a quedarme a casa de mi tía. Tenía que ir porque debía ir a buscar el saldo de la plata que me prestó para pagarle al maestro por la confección de mis panderetas. Como hacía calor cuando llegué, alrededor de las siete de la tarde (y luego de comer algo rico que mi tía me tenía) le dije que fuéramos a regar el jardín, para así poder pasar un poco el calor. Fuimos.

Ella empezó a regar. Pero siempre que lo hace lo hace superficialmente. A mi me gusta echarles a las plantas un tremendo chorro de agua, cosa que la tierra la absorba totalmente. Luego paso por el mismo lado y vuelvo a echarle harta agua. Mi tía en cambio, rocia las plantas. Así que le pedí la manguera y comencé a regar yo. Es rico sentir el aroma de los pinos y admirar cómo la bougambilia se va enredando y va entremezclando sus flores con las ramas del pino (mi tía le tiene un arco de fierro a la bougambilia para guiarla). Había rosas blancas (floribundas) que son como racimos de rosas, todas juntitas que si las cortáramos sería como un pequeño ramillete que ya está armado por naturaleza. Esas rosas no tienen aroma, por eso a mi no me gustan tanto.

Como no regué el pasto, porque el pasto sí que está feo (la Pinka lo ensucia con sus fecas), mi tía me quitó la manguera y continuó regando ella. Yo lo acepté y me fui a sentar en un escaño que tiene bajo el parrón. Al levantar la vista para admirar el parrón me di cuenta que la madera que lo conforma estaba bastante a mal traer (es que Iván es re flojo para barnizar y lo han dejado así. Antes, el día 12 de octubre lo dedicábamos a barnizar el parrón porque era un día festivo y porque los brotes de las parras aún estaban pequeños. El Iván ponía la canción: "¡Tierra a la vista, tierra a la vista si señor! Esa es la I-india!", la canción trata del descubrimiento de América y cómo los tripulantes de la Carabela confundieron América con la India).

Imaginé que cuando el maestro termine de hacer mi terraza y arme las maderas que van a formar la terraza, tendré que preocuparme año tras año de barnizarla, para que así la madera se mantenga intacta a través del tiempo. Es otra tarea que deberé hacer.

Mi vista continuó su camino para ver las hojas del parrón que ya estaban bastante grandes (estaban buenas para hacer niños envueltos) y los racimos a su vez estaban bien bonitos. Aún eran muy pequeños sus granos, pero el tamaño de los racimos me dijo que cuando crecieran iban a ser bastante grandes. Ahí sentada disfrutaba de la brisa que se levanta cuando se moja el suelo y me refrescaba.

La casa de mi tía es hermosa, hartos árboles y flores... hasta las panderetas están medio camufladas con las ramas y hojas del jazmín de Siberia... éste aún conservaba unas flores. Un poco más allá estaba el jazmín de hélice, vi que estaba más hermoso que el que tengo en mi casa, pero también el de mi tía tiene más años, bastante más años... el mío es nuevo, tiene un año solamente.

Caminando por la terraza y acercándome a ella a medida que mi tía avanzaba por el jardín con la manguera, llegué a encontrarme con el jazmín del Cabo... mi tía ni siquiera se había dado cuenta que ya tenía una flor abierta y tenía otro botón comenzando a abrir. Acerqué mi nariz porque su aroma es delicioso... me acordé cuando fui a Montevideo la última vez y Gonzalo me estaba esperando con un ramo de jazmines... pero esas eran Gardenias (que son más grandes en flor y en hojas que el Jazmín del Cabo, pero tienen el mismo aroma y la misma tersura en sus flores). Le conté a mi tía de mi recuerdo, pero además de eso también pensé en ti (eso no se lo conté a mi tía), recordando un correo tuyo, donde me contabas que el aroma de los jazmines del campo y las fresias te traían los más bellos recuerdos... Volví a acercar mi nariz a la flor, que me llamaba a olerla. Cerré los ojos y pensé en lo rico que sería que estuvieras ahí, disfrutando como yo de ese aroma.

Ojalá algún día tengamos esa oportunidad, sería delicioso... buscar tu boca, mientras nos atrapan y envuelven los aromas de los jazmines...

viernes, julio 14, 2006

¿Buena suerte? o ¿Ayuda divina?

Noviembre 28 de 2005

He de contar que me considero una persona con suerte. Siento que Dios me ayuda y me protege. Es que además soy un pan de Dios, que se porta muy bien, tal vez por eso recibo algún premio, no lo sé…

En muchas ocasiones me he encontrado plata en la calle. Una vez que estaba bien pobre (ya estaba viviendo sola, y por consiguiente tenía muchos gastos y deudas) entonces, iba saliendo de mi villa, cuando me encuentro cien pesos en el suelo. ¡Qué alegría!, los recogí muy contenta… camino unos pasos más y veo otras monedas botadas y más allá otras. Al final me encontré todo el pasaje de la micro. Igual me dio pena porque alguien debe haber pasado corriendo y perdió su platita.

Otra vez, tenía mucha sed y no andaba con plata… me encontré quinientos pesos y me compré una botella de agua mineral.

Cuando fui a veranear este año a Coquimbo, fuimos con mi tía al mall de La Serena. Ahí había una oferta de “lleve dos trajes de baño y pague uno”. Sin pensarlo dos veces y viendo que ambos costarían $10.990, fui a probármelos y me dispuse a comprarlos. Estaba escasa de plata también en ese tiempo (vacas flacas) y recibí nuevamente ayuda divina y al pasar por la caja, ambas prendas marcaron solamente $1.990, yo la muy patúa no caché al tiro, así que lo pedí en tres cómodas cuotas. Es decir, me salieron cuotas de setecientos pesos cada una. Y no me dio ni vergüenza!

En otra ocasión, ya estaba cesante, entonces fuimos con mi tía a comprar Jeans, ya que los que tenía se me habían gastado y se habían roto. Costaban $19.990. Me los probé y me dispuse a pagarlos (con tarjeta CMR obvio) y de nuevo fui testigo de la ayuda divina… Dios sabía que estaba cesante y con poca plata, así que me rebajó los pantalones y solamente pagué $9.990. Me rebajó diez luquitas.

Una vez hice lesa a la empresa, a Chilesat. Resultó que al recibir mi liquidación de sueldo, me habían agregado el bono de vacaciones, pero a su vez me habían entregado también un bono de vacaciones con cheque. Muchas compañeras no tenían idea de lo que les pagaban y recibían su sueldo sin chistar, yo en cambio, llevaba la cuenta en la uña y sabía todo lo que me pagaban o me dejaban de pagar. Bueno, me di cuenta del doble bono y me quedé contenta porque una vez más Dios me ayudó… pero a los pocos días me llamó la Sra. Axa (mi jefa) a su oficina y me preguntó cuantos bonos había recibido. Yo pensé… y me dije: “Estos desordenados debieran darse cuenta ellos solitos que me pagaron doble. Si no se dan cuenta es porque son desordenados y trabajan tan mal que no tienen idea de lo que hacen” entonces me convencí que debía negarlo rotundamente… “Si ellos lo descubren, bien, lo devuelvo, pero no soy yo, quien debo sacarlos de su error”. Así es que me fui de negativa y disfruté de dos bonos de vacaciones ese año.

En otra ocasión pedí un anticipo de vacaciones. La empresa tenía un beneficio en el que se podía solicitar el 40% del sueldo como anticipo de vacaciones y luego al mes siguiente de haber vuelto a trabajar, comenzaba el descuento por planilla, en cuatro cómodas cuotas sin intereses. Ese año esperé y esperé, pero nunca llegó el descuento, así que también disfruté de unas ricas vacaciones.

Cuando se informaban las horas extras yo me acercaba a la pizarra con mis anotaciones a verificar si cuadraba con lo señalado en el documento. Por supuesto, que cuando faltaban horas iba corriendo a notificar la falta… en cambio, cuando se informaban horas de más, me quedaba calladita.

En los tiempos que estuve en vacas flacas debo agradecer a Dios por haberme enviado platita del cielo. Es decir. No faltaba el turno de noche que tenía que hacer y más encima de yapa venía un día festivo. Así tenía bono por turno de noche y bono por horas extras. Otras veces me salía algún encargo de torta o pie de limón que me sacaban del apuro.

Cuando tomé por primera vez el transantiago. Eché en el cobrador automático una moneda de quinientos pesos… y zas! calló el vuelto, la máquina linda me devolvió cinco monedas de cien pesos. Yo pasé el torniquete y me fui a sentar feliz. Claro que con el tiempo me di cuenta que yo debía haber echado la plata de nuevo, y que la máquina no se había equivocado, sino que yo fui la patúa que llegué y pasé y no pagué. Pero ojo! fue por desconocimiento del sistema.

Un día estaba en Montevideo con Gonzalo y fuimos al supermercado a comprar. Había unas flores preciosas que se me ocurrió llevarle de regalo a la madre de Gonzalo. Cuando pasamos las cosas por la caja, nos dimos cuenta que las flores no habían sido cobradas, pero ya habíamos salido de la caja así que continuamos nuestro camino contentos.

Las chiquillas siempre me echaban tallas cuando trabajaba en Chilesat, porque la Sandra, la Supervisora, era bien apretada con los permisos… no sé cómo lo hacía yo… o era demasiado convincente con la chiva que llevaba, el caso es que nunca me decían que no. Y siempre tenía el permiso solicitado o me acomodaban el turno según lo que yo pedía. (¡Eso es de suerte!) O me cambiaban las vacaciones según mi “conveniencia”.

Y así tengo hartos ejemplos más que se me han olvidado.

¡Ah! Y la más importante… Trabajé en la Universidad 4 años, me fui a ganar más plata a otra empresa. La otra empresa me finiquitó. Volví a la Universidad para ver si me tendían una mano y con gran sorpresa… Dios me tenía reservado el mismo puesto de hace 11 años… Se dio la vacante del cargo de Secretaria de Adquisiciones, con el mismo jefe y me recibieron con el mismo amor de hace once años…

¿Buena Suerte? o ¿Ayuda divina?

jueves, julio 13, 2006

El Transantiago

Noviembre 25 de 2005


Cuando comenzó el Transantiago hubieron muchos problemas, la gente reclamaba porque el servicio era lento, las máquinas nuevas hacían taco y tenían dificultad para desplazarse, a parte que no paraban en cualquier parte, sólo se detienen en las paradas.

Como el Chileno es desordenado y al lote, estábamos mal acostumbrados. Creo que eso sólo sucede en Chile. Hacíamos parar la micro en cualquier esquina y nos bajábamos a su vez en cualquier esquina. Eso hacía que las micros demoraran mucho en llegar a destino. Hasta yo me enojé con este proyecto. La micro que yo tomo no pasaba nunca y cuando pasaba, venía llena. Así pasaron unos cuantos días… yo hasta presenté un reclamo por escrito en el diario La Segunda en esos debates que hay donde uno pone su opinión. Yo hablé pestes del sistema. Mi carta fue publicada al día siguiente… me sentí orgullosa de haberla enviado.

Hoy me vine – para probar – en otra línea que viene de mi casa, dicha línea antes del Trans, pasaba llena y por eso no me gustaba tomarla, pero hoy venía con varios asientos desocupados así que la hice parar (en cualquier esquina porque eso sólo se respeta en las grandes avenidas y el centro y en los viajes de ida para tomar pasajeros algunos paran en cualquier lado). Me subí, saludé al conductor, pasé al cobrador automático que sólo acepta monedas, me entregó el boleto, pasé el torniquete y me fui a sentar. Lo rico de estas micros es que como pasan más seguido nunca se llenan como las amarillas, ésas se repletan tanto, que para llegar al final de la micro, hay que pasar a llevar a todos los pasajeros que van de pie y eso es bastante desagradable. Miré mi reloj para saber cuánto se demoraba en llegar al centro. Antes, el viaje en esa línea podría durar una hora y media… pues ahora sólo demoró ¡¡55 minutos!! – ¡no lo podía creer! – minimizamos el tiempo en más de media hora.

De vuelta ya había probado el Transantiago, comprobando que también el tiempo era reducido considerablemente.

Me dieron ganas de escribir nuevamente a La Segunda, para expresar mi opinión luego de haber transitado en el nuevo sistema... Me trago mis palabras. Qué lástima que el debate no sigue para poder revertir la situación. Eso me enseña a no emitir juicios a priori. Hay que probar primero y luego opinar. No podemos basarnos tampoco en opiniones de otros, porque el punto de vista cambia. Las cosas las tiene que vivir uno.

Ahora me gusta el Transantiago y cuando los pasajeros le echan pericos al chofer porque no para en donde ellos piden… me da pena, porque el pobre conductor no tiene culpa que la gente sea “incivilizada”, que no use la cabeza y que algunos aún no se den cuenta que para eso existen las PARADAS.

viernes, junio 30, 2006

El Cumpleaños Número 60

Noviembre 24 de 2005

En mi familia desde que tengo memoria se hacían algunas celebraciones en el transcurso del año. Una de ellas era el Santo de mi abuelito, Manuel. Había que levantarse temprano a matar las gallinas que serían servidas fiambre con varias ensaladas, entre ellas el infaltable apio con rabanito, que mi tía picaba de una manera muy especial y dejaba en su cabecita (del rábano) las hojitas más tiernas como adorno. El apio se picaba largo y finito y se dejaba toda la noche sumergido en agua para que se enroscara, o se le hacían unos tajitos a los tallos cortados para que con el agua se abrieran y quedaran también medio enroscados. Luego había un asado también con ensaladas y un consomé (que se servía en esas antiguas tazas anchas con dos orejas, una a cada lado). A mi no me gustaba el consomé ni la gallina (debe haber sido porque muchas veces presencié cómo les estiraban el cogote a las pobres gallinas y luego las colgaban con una amarra bajo el ciruelo. Las veía aletear en sus últimos instantes de vida. Era horrible ver ese espectáculo.

Los festejos de los Santorales eran en grande, con hartos invitados, entre familiares y amigos, hasta bailoteo había. Se celebraban las Carmenes, los cumpleaños y no faltaba alguna ocasión para reunirse.

A mi, sólo una vez recuerdo que me celebraron un cumpleaños así en grande, fue cuando cumplí los 13 años. Hasta bailé (ni sabía como hacerlo) Había hartos invitados que se quedaron en casa hasta la madrugada (en ese tiempo había toque de queda).

En el año 2001 hicimos una fiesta así, grande, pero sólo familiar porque el tío Hugo había fallecido hacía poco y no teníamos ánimo de festejar. Así que organizamos una fiesta de celebración del cumpleaños número 60 de mi tía Haydée y también celebramos los cumpleaños de mis sobrinos Diego y Claudia, que están muy cercanos al cumpleaños de mi tía.

Los preparativos de una fiesta siempre son emocionantes. Fuimos un día con mi tía y mi hermanito a comprar los adornos para la fiesta. Compramos unas guirnaldas de colores que parecen flores pegadas una a la otra y que al abrirlas parecen un acordeón bien largo. Compramos hermosos globos (que el Dieguito infló, es “inflador” profesional – tiene unos pulmones increíbles). También compramos cornetas y un gorro especial para cada niño. A las niñas que eran tres: La Claudia como festejada tuvo un sombrero blanco con plumas en el borde, la Camila tuvo otro sombrero con adornos brillantes y la Whitney uno muy similar. Los niños podían elegir entre: Un gorro de Robin Hood, uno de Batman, uno de soldado y uno de capitán… El Diego tenía un hermoso turbante que no se quería colocar porque le daba vergüenza (además que era el niño más grande de la celebración). Compramos una hermosa piñata con forma de canastillo y que en la parte superior tenía varias flores de papel crepé de distintos colores. La piñata ni se rompió y después se la regalamos a la Camila para que la usara en su cumpleaños. Llenamos la piñata de dulces de distinto tipo y hasta monedas les echamos.

Las preparaciones de los alimentos comenzaron muchos días antes. Yo hice un queque de manzana con nuez, un pan de pascua alemán y dos tortas (una rectangular con una cancha de fútbol – para el Diego – y la otra una redonda adornada con flores naturales (alstroemerias) – para la Claudia y mi tía.

Mi tía hizo tacitas, mejor dicho llenó las tacitas porque se compran listas. Y luego las rellenó con pasta de pollo, huevo duro, ricotta y en esta ocasión recurrió a una receta antiquísima de una pasta de zanahorias ralladas con nueces. También hizo una pasta de panitas de pollo con lechuga (todo picado muy fino). Estas recetas eran de su época inmemorial – de cuando celebraban los San Manuel – ni yo conocía esas exquisiteces (es que esta fiesta era especial y diferente). Hicimos entre todos, hasta el Héctor, muchos canapés (que a la Claudia le gustaron mucho). Hicimos unos pinchos de jamón enrollado con queso, salame y aceitunas. Compramos maní salado y papas fritas.

Comenzaron a llegar los invitados y cuando ya estuvieron todos, hicimos sentarse a los niños en el sofá cama (que estaba en casa de mi tía en ese entonces – yo vivía allá) y les sacamos varias fotos. Lo rico de esto es que los niños se conocieron ahí entre ellos, porque nunca había ocasión de juntarlos a todos, para que participaran de alguna fiesta familiar. Yo tengo muchos recuerdos cuando jugaba con la Jani, mi prima, o con la Massiel, Marcela y Marcia. También veía jugar a los chiquillos con el Darwin. Esos recuerdos son ricos, y mis sobrinos no tendrían de esos recuerdos porque como vienen poco a Santiago y por pocos días, no se había dado la ocasión. Así que esta vez los reunimos y les tomamos varias fotos. Los filmamos y luego salimos al patio (era un día nublado) y tomamos fotos cerca del limón que mostraba sus hermosos frutos. Era un gran acontecimiento por lo mismo.

Los sentamos luego a la mesa, donde cada uno tenía un plato con queques, canapés, galletas, trufas y otras cosas. Tenían su cajita de sorpresas y una bolsa para cada uno para que echaran sus dulces. Tomaron chocolate caliente y luego los llevamos al segundo piso a una sesión de películas Disney (Toy Store, Los 101 dálmatas y otras). Entretenidos de esa forma los grandes podríamos festejar tranquilamente.

Simultáneamente, mientras los niños estaban en la gran mesa disfrutando de la fiesta. Los grandes también participaban en el living y el comedor. Donde cada uno disfrutó de una rica taza de chocolate y un trozo de torta (la de selva negra, la cancha de fútbol).

El día de nublado pasó a lluvia… así que el Ivancito, con Héctor y mi primo Darwin, fueron con paraguas a encender el fuego en la parrilla. Estaban bajo la pequeña protección que podía darles el palto con sus pocas hojas. Creo que también tomamos fotos de ese momento. Gracias a que la parrilla tiene su campana no nos quedamos con los crespos hechos y pudimos realizar el asado.

Estaba ya oscuro cuando los grandes nos sentamos en la gran mesa a disfrutar de la carne asada con sus ricas ensaladas (mi tía hizo la Rusa, que le queda tan rica. Una cama de papas mayo con arvejas y zanahorias, sobre eso una capa más angosta de cebolla picada en cuadritos muy finos y al centro el delicioso atún).

El Ivancito se lució con un rico Margarita (con borde de sal y todo), también había ponche de vino con duraznos y bebidas para los niños.

En el equipo sonaban las cumbias de la Sonora Palacios. La Sonora Palacios me trae especiales recuerdos porque teníamos un disco Long Play que era el único medio fiestoquero que teníamos – a mi papi le encantaba – y sólo escuchábamos ése en todas las celebraciones de pascua y año nuevo. Parecía disco rayado… siempre bailábamos lo mismo, pero ahora estábamos más variados. Teníamos algo de Elvis Crespo y de Juan Luis Guerra.

La fiesta seguía desarrollándose con mucha alegría. Hasta que llegó el momento esperado por todos… ¡¡mi tía debía soplar las velitas!! Como eran 60 y no cabían tantas velas en la torta, pusimos las que cabían solamente. Así había velas de distinto tamaño, unas flacas y largas y otras chiquitas. Nos demoramos mucho en encender las velas porque había que empezar del centro hacia fuera para no quemarse. La Mirthita me ayudó a encenderlas. Pero mi tía, tan apurona, no esperó que apagáramos la luz y entonáramos la canción cuando de un soplido ya las había apagado todas.

- ¡Nooooo! ¡No vaaaaaale! – gritámos todos – Con lo que nos había costado encenderlas ahora teníamos que encenderlas de nuevo… las velas flacas y largas se iban deshaciendo rápidamente, así que como pudimos volvimos en encenderlas, para que ahora sí, mi tía soplara con ganas. Mi tía no quería volver a soplar pero ante los gritos de todos volvió a hacerlo.

Los invitados habían llevado un regalo para cada festejado. Lo que yo agradecí mucho porque ir a un cumpleaños y llevar tres regalos no es muy económico… pero mi tía y los niños lo merecían.

Así llegó el momento de abrir los regalos y de romper la piñata… todos estábamos reunidos en lo que antes era el dormitorio de Iván y que ahora era parte de la cocina, pero aún no botábamos el muro para que la cocina quedara más amplia. A penas podíamos filmar y sacar fotos de tan lleno que estaba. La Massiel estaba embarazada y tenía una tremenda guatita, pero eso no le impidió disfrutar ayudando a sus sobrinos a recoger dulces y echarlos en la bolsa que les habíamos entregado con anticipación.

Como esta era la primera vez que nuestra generación se reunía para celebrar un cumpleaños. Todos subimos al segundo piso y nos sentamos en el sofá cama… Otros se acomodaron de pie, detrás del sofá y los demás se tiraron en la alfombra junto con los niños que estaban sentados para iniciar una sesión de fotos. Me preocupe de que la música también estuviera de acuerdo a la ocasión y escuchamos con alegría y emoción:

…”Hoy estamos festejando, entra ya, no tengas miedo
No te asustes que no muerden, somos pocos, pero buenos
Pasa y tómate una copa, que hay lugar para otra silla
déjame que te presente a mi gente, mi familia

Ya lo ves, hablan todos a la vez y después se pelean por un mes
Pero cuando las cosas van mal a tu lado siempre están.
Quiero brindar por mi gente sencilla. Por el amor, brindo por la familia

Si te tiran con un corcho o al pasar te pisa un niño
En el fondo es tan sólo una muestra de cariño
Ya te irás acostumbrando, sólo es gente extrovertida
Cuando griten no te asustes, es que viene, la comida

Ya lo ves, comen todo y después a sufrir con la dieta otra vez
Pero nunca te dicen que no, si les vuelves a ofrecer.

Quiero brindar por mi gente sencilla, por el amor, brindo por la Familia…”



Y así los 60 años de mi tía quedaron inmortalizados en la cinta de la filmadora, en las fotos y en la memoria… de toda la familia.

jueves, junio 29, 2006

El Caballero

Aconteció un Viernes, 4 de Noviembre de 2005
19:00 Horas

Subí a la micro. La 121, que me llevaría a mi penhouse. Todos los asientos estaban ocupados. Llevaba el bolso de viaje en la mano, así que para no estorbar a nadie me fui al final de la micro. Mientras me acercaba descubrí un asiento desocupado, pero estaba en las “alturas”, vale decir que estaba bastante más alto que el resto de los asientos. Había 4 asientos ahí, el vacío estaba al centro. Como vestía pantalón no titubié en levantar mi pierna y escalar hasta el asiento. Ahí instalada tenía una vista panorámica de la situación, podía ver todo lo que sucedía en la micro. A mi lado iba un señor medio dormido.

La micro no tardó en llenarse… qué llenarse, ¡repletarse! Al extremo que el chofer abría las puertas de atrás para que subieran más pasajeros. Subió entonces un señor medio gordito – con guatita de cervecero – de pelo canoso y crespo. Lo miré e inmediatamente me di cuenta que tenía cara de “bonachón”.

Cuando algún pasajero iba a bajar, él gentilmente bajaba de la micro y ayudaba a bajar a las personas y luego volvía a subir. De repente aún no terminaban de bajar los pasajeros cuando el micrero ya empezó a avanzar. El caballero “chifletió” (de silbido), ya estaba abajo ayudando a los demás a bajar y le lanzó un grito al chofer…

- ¡Espérate oooooh! ¿Que vai nervioso?

Yo, lo seguía observando. Bajó otro pasajero que iba medio sentado en el peldaño alto que tuve que subir para llegar a mi asiento. Entonces el caballero se acomodó ahí. Casi cerca de mis pies.

El señor que iba a mi lado despertó y se bajó, entonces el gordito escaló el gran peldaño y se acomodó a mi lado. Curiosamente me dieron ganas de decirle que él me parecía “bonachón”, pero callé… y no me atreví a decírselo.

Continuamos nuestro rumbo entre saltos de lomo de toro y calles con hoyos. La micro dobló en Independencia con Vespucio, donde recientemente habían abierto la calle que estaban reconstruyendo y que acortaba bastante el trayecto a casa.

El Caballero me dijo algo… yo no le oí porque el motor de la micro junto con la velocidad que llevaba el conductor hacían un ruido infernal. Así que acerqué mi oreja hacia él en señal de que me repitiera lo dicho.

- ¿Abrieron aquí?
- Si – dije yo – Ayer… antes de ayer – me corregí.

Ahora él no escuchó y fue él quien puso su oído cerca de mí, para que yo le repitiera lo dicho. El hecho significó una pequeña complicidad entre nosotros. La micro se detuvo y subió un heladero. El caballero levantó la mano para que el heladero se acercara. Inmediatamente pensé: “me va a ofrecer un helado”… y así no más fue.

- ¿Se sirve un heladito? – Me dijo amablemente mientras metía su mano en el bolsillo del jeans para sacar las monedas.

- No… gracias – le dije sonriéndole.

Él insistió. Pero volví a negarlo… El Caballero se resignó y comenzó a disfrutar su helado, que dicho sea de paso se veía más rico (era un mora-crema).

Mientras devoraba su helado lo observaba de reojo. Mi intuición no me había fallado… bastaba sólo una mirada para darse cuenta que aquel hombre… realmente era “bonachón”.

miércoles, junio 28, 2006

Y el amor llegó de nuevo

Noviembre 03 de 2005

"Tengo miedo de enamorarme y sufrir por ello.
Tengo miedo de enamorarme... aunque necesito sentir esa bella sensación.
Cada uno de tus correos acelera los latidos de mi corazón...
y por eso, tengo miedo de abrirlos.
Tengo miedo. Por eso dejé de escribirte"


Al fin pude saber qué había pasado con mi Amigo Virtual.

Borrando los correos de Gonzalo, me había encontrado con su casilla y le había escrito nuevamente, con temor de que mi carta no encontrara eco. Pero esta vez (y luego de dos años) si contestó... y me contó lo que sentía.

La atracción que yo sentía por él, brotó como la erupción de un volcán dormido y silencioso. Ahora estaba libre y podía corresponder a sus sentimientos... ¿cuándo te enamoraste de mi? Le pregunté:

"¿Viste trabajar alguna vez a una araña?
Esto ha ido sucediendo igual, poquito a poco. A medida que nos íbamos intercambiando informaciones y conociendo un poco más.
Siempre me atrajo tu inteligencia, tu forma de ver las cosas y ese contenido espiritual que tiene tu forma de ser..."


Así supe como fue naciendo su amor por mí.

"Querida Angélica:
Yo creía que la atracción entre las personas era culpa de las feromonas, pero no hay ninguna posibilidad que ello suceda por Internet.
Me encanta tu forma de ser, siento tu cercanía, tu cariño y hasta casi tu perfume.
Lo increíble es que me estoy enamorando de una mujer que todavía no tiene rosto, pero que tiene un alma preciosa.
Me la voy a jugar por vos.
Me gustás."


Sus cartas llenas de sentimiento me trajeron días de dicha, de felicidad, de ganas de vivir. Vivir para conocerlo y sentirme entre sus brazos.

Me enamoré. Era tan rico sentir todo eso que me inspiraba él. Me inspiró a volver a escribir pues había pasado mucho tiempo y pocos escritos habían nacido. Ahora... de vuelta en mi vida quería escribir para él.

Creó para mí, más versos de amor:

"Tan lejos que estoy de vos
y ni siquiera un recuerdo
es todavía posible
para traerme consuelo

Casi no sé quien sos
pero no quiero perderte
aunque no puedo encontrarte
para empezar a quererte

Me enamoré de tu amor
y eso será hasta la muerte
pero no quiero morir
sin poder verte y tenerte"

"Necesito estar contigo. Quiero conocerte, sentir el sabor de tus besos y de tu cuerpo ¿qué maleficio me enviaste Angélica?"


La mujer sin rostro dejó de serlo. Le envié la primera foto.

"Me estoy enamorando de esa preciosa mujer que me sonríe desde la pantalla, a la que ansío estrechar entre mis brazos, y a ¡la que apenas conozco, tan solo por lo que me han hecho sentir sus palabras escritas!"

"Esto es una locura que ha comenzado y que por lo menos yo, ya no puedo parar".

"Estoy pensando en vos. Todo el día pienso en vos".

"Estoy convencido que somos un par de locos que piensan y sienten igual. Ojalá que esto que estamos comenzando lo hagamos bien y dure muchos, muchos años.
Me vuelves loco. Me gustás"

"Siempre miro hacia adelante y allí estás tú. Esa mujer que me encantó con extraños sortilegios y que quiero conocer pronto. A la que quiero abrazar y besar. Y quiero decirle cosas bonitas al oído. Hacerle vivir maravillosas sensaciones, compartir sus momentos y conocer mejor su persona".


"Sólo pienso en vos. Hasta en los momentos más ingratos del día. tu presencia aún lejana me reconforta".


Mi vida se llenó de amor, alegría, de calma y me sentí amada, valorada, deseada, comprendida, soñada, ilusionada... Mientras el maestro me construía las panderetas (realizando mi primer gran proyecto) yo leía los correos de mi amigo virtual. Me los aprendía de memoria de tanto leerlos. Y me sentía acompañada con sus palabras.

De vez en cuando escuchaba su voz al teléfono... una voz tan agradable, tan dulce, cuyo acento uruguayo, me volvía loca...

lunes, junio 19, 2006

La Decepción

Lunes 31 de Octubre 2005.

- ¿Qué hora es?
- Las 4:15:- Y don Lautaro, mi jefe, seguía conversándome. Pero mi mente se iba... divagando por otros lugares.
- ¿Qué hora es ahora? :- Volví a interrumpirlo
- ¿Porqué está tan nerviosa?
- Es que siempre que me voy más temprano me pongo nerviosa.

Tal vez ocurra así... pero este, hoy no era el motivo.
- ¿Y ahora?
- Un cuarto para las cinco.
- Me voy a arreglar mis cosas. Luego paso a despedirme.

Me fui a mi oficina.

Un mal presentimiento me hizo detenerme en la página abierta de Hotmail. Pinché la bandeja de entrada "¡que no haya nada, que no haya nada!" rogaba mientras esperaba ansiosa que cargara la página, capaz que hubiese un mail de él diciéndome que no iría... Por fin ví la bandeja de entrada vacía... apagué el computador, estaba contenta.

Inmediatamente comenzó a sonar mi celular, altiro pensé: "¡Es él!"... lo tomé y contesté ansiosa... No se escuchó nada. Colgué... Volvió a sonar... ¡es él!

………………………………..

Sentí un poco de decepción. Ya no necesitaba irme más temprano. Pero el permiso ya estaba solicitado. Tomé mi chaqueta, mi cartera y fui a despedirme de Don Lautaro. Traté de disimular mi desilusión. No sé si lo hice bien, pero mi sonrisa ya no reflejaba alegría.

Caminé... después de todo, ¡nunca te han resultado esos encuentros Angélica! Hice memoria, sonreí para adentro. Andar contigo será peor que andar con un tipo casado... y eso ya lo viví. Fui amante por años, sin esperar nada, sabiendo que nuestro secreto jamás sería conocido. Recordé cuantas veces mi tía y el Iván viajaron a Talca y me quedé sola en la casa, recordé cuantas veces lo invité a él... y nunca llegó... por lo menos ahora me avisaron... él nunca me podía avisar y yo esperaba y esperaba en vano. Le sucedían las cosas más increíbles... cosas que yo siempre creí.

Recordé cuando mi tía y el Iván fueron de vacaciones a Coquimbo. Gonzalo vendría... ¿y si pasa algo y ellos no pueden viajar y lo pillan aquí? Me atormentaba pensándolo. Finalmente se fueron. Ese viernes yo estaba saliente de noche, una compañera me trabajaría el domingo. Todas sabían que él venía... pero sonó el celular... Estará listo para abordar el avión... otra cosa increíble sucedió... Tenía la maleta ya cargada en el avión. Pero días antes, sin saberlo, se le ocurrió plastificar el carnet, motivo por el cual le impidieron salir del país: - "Te podemos dejar salir” - le dijo el agente de policía internacional - “pero en Chile no te van a dejar entrar y tendrás que devolverte". Así perdería el pasaje que no era barato y perdimos la oportunidad de vernos. Lloré, lloré y lloré. Me pasé el sábado llorando y conectada a Internet con él. Hasta olvidé alimentar a la perrita. Mis compañeras me reconfortaban por mail... la Paolita me subía el ánimo por teléfono. La pena fue tan grande (después de eso... nada podrá ser más grande).

Así que continué mi camino a casa. En otros tiempos, me habría bajoneado y talvez habría llorado... pero ahora, al contrario me fortalecía yo misma.

- "Si elegiste enredarte con él... sabiendo sus compromisos, tienes que aceptarlo como algo normal, que puede suceder muchas veces más" y se me venía al oído una frase que me sonaba a súplica... "téngame paciencia".



Estoy bien... Barrí la calle (que no la barría hace como un mes, si es que no es más) Me llamó el Ivancito:

- ¿donde estai?
- En mi casita
- ¿Tan temprano? ¿porqué tan temprano?
- Es que pedí una hora para venirme antes
- ¡Soy patúa!

Por la noche llamé a mi amiga... no me contestó, ni me devolvió el llamado (sabía por instrucciones mías que no debía llamarme) Así que por la mañanita la desperté:

- amiga... no tuve "encuentro cercano"
Le conté lo que sucedió
- ¿Le creí amiga?
- Si... le creo - No tengo porque no creerlo. Tengo la mala costumbre de creer en las personas.

Así pasé un fin de semana más en mi bella casa... y comí pie de limón (que había hecho para él) como nunca había comido. "El lunes le llevaré pie a Don Lautaro y a Moisés (el junior)... también le llevaré a mi tía y al Ivancito"

viernes, junio 16, 2006

Despedida


Yo tenía muy claro que con Gonzalo jamás iba a volver.

Para comenzar una nueva relación debía dejárselo claro a él también y por esa razón lo llamé y conversamos. Después de un mes de nuestra ruptura, ambos estábamos relativamente bien. Finalizamos nuestra conversación amigablemente y con palabras de buena crianza.

Había pasado la noche en casa de mi tía para poder llamarlo desde el teléfono de red fija. Así que al día siguiente me fui a mi trabajo y luego a mi casa.

En el trayecto a casa, el rememorar mi conversación con él, me produjo por primera vez, (desde que habíamos terminado), una sensación de pérdida. Pero no por perderlo a él, sino por perder mis sueños, mis ilusiones. Me angustié. Había comprado una casa, para compartirla con él, había pololeado a la distancia (en una relación muy difícil por la lejanía y el no poder estar frente a frente a diario) durante 3 años. Tenía la esperanza que algún día estaríamos juntos, habíamos soñado con tener hijos, hasta teníamos el nombre de nuestra primera hija… Marian.

Pero una vez más el día se volvió noche… y caminé en una noche sin luna, caminé en la oscuridad absoluta, sin saber hacia donde dirigirme, por un sendero triste, inhóspito, desolado, abandonado… Abrí los ojos y me encontré en mi jardín, regando unas lechugas que ya no quería comerme, regando unas flores que había cultivado para que cuando él viniera disfrutara de todo eso conmigo.

Mis lágrimas inundaban mi jardín… había perdido todo… un compañero, un sueño de ser madre… ya no había futuro, sólo lágrimas y tristeza… y una casa enorme para mí y mi soledad. Y fui llanto, y pena, y angustia, y agonía, y frustración, y desaliento… y sentí odio, desprecio, rabia, humillación, decepción… y no sabía hacia donde me dirigía, como una brújula en mal estado que da vueltas y vueltas sin encontrar el rumbo. De pronto me di cuenta que mis flores lloraban conmigo, mis lechugas me abrazaban los pies y mis lágrimas las golpeaban como granizo… las hería, les hacía daño… dejé de llorar.

La voz de mi amiga Paola me reconfortó, sus palabras apagaron mis sollozos… el llanto me desahogó, volví a ver el sol y fue la última vez, que mis ojos lloraron por él.

miércoles, junio 14, 2006

El Regalo

25 de diciembre de 2004


Esta navidad recibí el regalo más hermoso…

Fue un regalo que me emocionó, me estremeció y me llevó a recorrer momentos pasados en mi vida.

El regalo fue la herencia que me dejó mi tío Hugo. Mi tía Mary, su esposa, me contó que tenían un pacto entre ellos: si uno de los dos faltaba, el otro me haría entrega del regalo. Como mi tío nos dejó hace más de dos años, ella fue quien me entregó hoy, 25 de diciembre, el brazalete de oro que él le regaló a ella cuando estaban pololeando.

Me dio penita y emoción saber que ese brazalete, fue testigo de su matrimonio y de su amor. Me sentí honrada por haberme elegido a mí, para ser la heredera de aquel tesoro. Mi tía me lo entregó, lo saqué de la bolsita en que estaba y lo miré… y lo admiré. Es un tesoro que guardaré muy bien, porque es un regalo de amor. Amor del tío Hugo hacia mi tía… y amor de ellos hacia mí.

Cuando le conté a mi tía Haydée y al Iván lo que mi tía me había dicho al entregarme el regalo, no pude evitar que se me nublara la vista y soltar unas lágrimas, sentí la garganta ahogada en sollozos, a penas podía hablar… recordé a mi tío. Las cosas lindas que vivimos y compartimos con él.

Ese mismo regalo se lo heredaré a mi hija, si es que la tengo. Le diré que fue de su tío que me adoraba y le contaré con alegría y admiración, la gran persona que fue y el gran cariño que me entregó.

viernes, junio 09, 2006

Mi Jardín


Para olvidarme de ti voy a cultivar la tierra;
en ella espero encontrar remedio para mi pena.
Aquí plantaré el rosal de las espinas más gruesas;
tendré lista la corona para cuando en mí te mueras.

Para mi tristeza, violeta azul;
clavelina roja, pa' mi pasión;
y para saber si me corresponde,
deshojo un blanco manzanillón;
si me quiere mucho, poquito o nada,
tranquilo queda mi corazón.

(Violeta Parra)


Angie, la niña de las flores. Así me llamaban algunas colegas del trabajo. Porque sabían de mi amor desmedido por las flores.

Lo primero que hice cuando llegué a mi casa, fue cultivar mi jardín.

Cultivarlo fue el remedio para mi soledad, mi tristeza, fue motivo de mi alegría, de mi admiración y de muchas otras cosas.

Planté una hermosa bougambilia, pegada a la pared de la casa, en el antejardín. Así, sus brazos y guías irán abrazando mi casa lentamente, hasta cubrirla completamente, y cuando el viento sople, hará llover flores rosadas, que dejarán el pasto salpicado de manchitas rojas.

También planté lupinos, fresias, clavelinas, calas, manzanillones, crisantemos y tantas otras flores que hacen que mi jardín, sea el único del vecindario que está todo el año con flores.

A veces, la gente se detiene frente a mi reja. Yo los observo desde la ventana de la cocina, donde ellos no me pueden ver. Desde ahí puedo apreciar sus comentarios: ¡Qué lindo el jardín! ¡qué lindas las flores! Hasta mi vecina del frente un día me dijo: “Están lindas tus flores” y yo me puse toda cocoroca ¿has visto a las gallinas cuando ponen un huevo cómo se ponen? Sacan pecho (o pechuga) y levantan la cabeza en señal de que están contentas, bueno, ¡así estaba yo!

Por las tardes mientras jardineo, escucho como los niños de la cuadra, salen a jugar. Me da gusto verlos como revolotean cual pajaritos. Y pienso que me gustaría que una hija mía estuviera ahí jugando con ellos. La mayoría de las veces son las niñitas las que juegan.

Tengo ganas de ser madre. Ya tengo casa. Ahora quiero ser madre. Creo que me pondré en campaña a fin de año, para ser madre en el 2005. Antes de eso quiero comprar las cosas que necesito para mi casa, porque cuando quede embarazada tendré que asumir más gastos. Tengo que heredarle mi casa a mi hijo. Y me encantaría poder sentirlo en mi vientre. Debe ser emocionante… Le enseñaría a amar las flores, los animales, la naturaleza y lo más importante… sería mi flor más preciada.

Foto: Mi primer cultivo de Fresias

martes, mayo 23, 2006

El Otoño


Carta para mi Amigo Virtual.
Mayo del 2004

"Sabes que me he dado cuenta que antes no podía ver el otoño como ahora porque antes viajaba en puro metro. Entonces en el metro no se ve nada. Por eso ahora me parece como que recién estoy conociendo los cambios que ocurren en las estaciones.

A veces miro el árbol que está fuera de mi casa, en la calle y veo que poco a poco y de abajo hacia arriba van poniéndose amarillas sus hojas. Lo extraño es que no ocurre igual en todos los árboles. Otros van perdiendo hojas de manera salpicada, quiero decir una hoja por aquí, otra hoja por allá. Y cuando el viento sopla, parece que las hojas se desprenden y se van meciendo suave y lentamente hasta posarse delicadamente en el suelo. Ahí las espero yo con mi escoba, para barrerlas y juntarlas bajo el tronco de mi árbol, para que sus propias hojas vayan transformándose en la tierra de hojas que lo va a fortalecer.

Me da gusto barrer la calle y cuidar mi árbol. Es el árbol que crecerá y vivirá conmigo. Por las mañanas él recibe con alegría a los pajaritos que se posan en sus brazos a cantar y a alborotar el ambiente. También disfruto de ellos, al ver sus pechos tan arrepolladitos y sus cabecitas que no dejan de moverse. Cuando bajan a mi patio o mi antejardín avanzan a puros saltitos, picotean por aquí y por allá en busca de las semillas que ellos mismos han dejado diseminadas por doquier. ¡Qué bella es la naturaleza! ¿no? A mi me encanta.

¿Has visto la plaza de la Constitución en esta época? Es maravillosa. Los árboles que ahí se ven son preciosos. Cuando pueda llevaré mi máquina fotográfica para tomar una foto para que así tu también puedas disfrutar de esa belleza. Me gustaría aprender a pintar al óleo. Haría puros paisajes así. Llenos de colorido."

viernes, mayo 19, 2006

Las Petunias


Mayo 14 de 2004

Hoy he arrancado las petunias. Las he tirado a la basura, ya no me dejaban vivir. En cuanto llegaba a casa me preguntaban por ti. Me rogaban que volvieras para sentir nuevamente tus cuidados. Me decían que te extrañaban, que extrañaban la forma en que las regabas dulcemente. Recuerdo cómo sonreían, al sentirse acariciadas por el suave manto de lluvia que expulsabas con la regadera. Se ponían coquetas contigo y elevaban sus caritas orgullosas hacia el cielo para mirarte y ver cómo las alimentabas.

Ahora se han puesto feas. Lo han hecho a propósito, como una forma de protestar por tu ausencia.

El jardín ya no es el mismo sin ti. Ellas, ya no quieren mis cuidados sino los tuyos. Por eso las he arrancado, por eso me he quedado sin ellas. Y en su lugar, he puesto otras flores que aún... no saben de tu amor.

martes, mayo 16, 2006

Mi Papi

Domingo 25 de Abril 2004

Hoy que estuve en casa con Iván, me estuvo mostrando unas fotos que había escaneado. Eran fotos de la graduación del Héctor de 4to. medio. El Iván veía a mi papi y me decía: "mi papi" con tanta dulzura. Y me contó que al escanear las fotos y ver la expresión del rostro de mi papi en ellas, lo había extrañado, "lo eché de menos" me dijo y me emocionó sentir que él también se enternece con los recuerdos de mi papi. Es increíble como pasan los años pero los sentimientos y los recuerdos hacia él se mantienen intactos. 18 años y me parece que fue ayer cuando nos dejó. Cuando lo veía entrar por la terraza con su bolsito colgado al hombro. 18 años que se cumplen este 7 de mayo.

Hacía tiempo que no derramaba una lágrima por mi papi... hoy lo estoy extrañando de nuevo a pesar de que sé que él siempre está conmigo, cuidándome y protegiéndome. Yo era su hija regalona. A mi me abrazaba a cada rato y me daba besos en las mejillas. Salí a él en lo regaloneadora. Fue él quien me enseñó a ser así. Fue su ejemplo el que me hace ser tan pegote en mis afectos.

Cuando estábamos en la mesa. Él tomaba la presa de pollo de su plato, con la mano y me decía: "hija... toma" y yo tenía que comer obligadamente aunque tuviera mi propia presa, si no lo hacía era un desaire que él no perdonaba. Luego que mordía la presa se la pasaba a los chiquillos o a quien estuviera ahí cerca, porque todo lo quería compartir con todos, aunque eso significara quedarse él mismo sin comer.

Mi papi sin quererlo nos inculcaba y transmitía su alegría con su forma de ser. En las fiestas era el más simpático. Bailaba el rock and roll como ninguno, aunque no podría decir cual era mejor, si él o mi tío Hugo porque ambos bailaban bien. Así era mi papi... mi papito querido.

lunes, mayo 15, 2006

Desde la ventana

Viernes 23 de abril de 2004

Al igual que la primavera, el otoño provoca muchos sentimientos en mí. Antes, me causaba angustia y pena. Era porque en otoño… falleció mi papá. Desde que esto sucedió, todos los otoños me llenaban de nostalgias.

Ahora, en cambio, me traen alegría. Porque hace dos otoños mi corazón se siente enamorado y lleno de vida. Por eso, los sentimientos provocados por esta estación han variado.

A veces, cuando voy en la micro. Voy mirando los árboles que pasan por las calles frente a mí. Deleitándome con el colorido que ofrecen en esta época. Ahora sí que disfruto del otoño y de las hojas caer. Miro mi comuna y cada día la encuentro más linda y me imagino que si ahora es tan bella, cómo será en primavera, cuando los árboles florezcan y llenen el ambiente de rosa y blanco…

viernes, mayo 12, 2006

Mis Regalos de Bodas

Cuando me instalé en mi casa, ya llevaba muchas cosas que fui adquiriendo con el tiempo (siempre me ha gustado tener mis propias cosas y satisfacer mis gustos). Pero muchas de las cosas que llegaron a mi casa nueva, fueron obsequios de personas que jamás imaginé.

Yo llevaba una cama de plaza y media, un closet, dos veladores, lámparas para los veladores, una cajonera, un televisor, un sofá cama, un librero, un computador con impresora y scanner, un escritorio para el computador, un mueble para la impresora, una silla giratoria, una radio reloj, un secador de pelo. Y un sinfín de cosas para la cocina: Centro de cocina, batidora, moldes para los queques y las tortas, cuchillería, loza, hervidor, picadora 123 y muchas otras cosas de repostería… También llevaba unos libros de mi propiedad, algunos videos y mi “joyita”, mi gran colección de Cds. (Claro que ahora no tendría donde escucharlos, pero no sería por mucho tiempo).

Mi mamá me regaló la cocina para comenzar mi nueva vida en casa. Así que compré dos balones de gas para complementarla. Mi tía, pese al enojo me prestó un mueble de cocina que le pedí, pues estaba lleno con cosas mías de la repostería, el que hasta el día de hoy me ha servido de gran utilidad.

Mis amigas y compañeras de trabajo, sabiendo lo jodía o mañosa que soy para las cosas, me pidieron que hiciera una lista con mis necesidades (no era una lista de Novios, de Almacenes París o Falabella) pero enumeré lo que más necesitaba. La Romy leyó la lista y vio que en primer lugar estaba “un Martillo”.

- Amiga y ¿para qué quieres un martillo? – preguntó con asombro, al verlo encabezar dicha lista.

- Para ponerles palos a mis plantas poh! Sino ¿con qué iba a enterrar los palos en el suelo cuando plantara mis tomates? – La Romy se moría de la risa, cuando me escuchaba.
Recibí cosas muy importantes: La Romy, me regaló una tetera; la Pao, un colador para las verduras y los fideos, una paila para freír (para que le hiciera sopaipillas) y una plancha para la ropa; La Myriam: Sartenes; La Martita: Un colador y una tapa para la paila de freír; La Paolita Barría: un rallador; La Rutita: cucharas de madera; la Lidia Zamorano: Paños de cocina, y otras cosas; la Jennicita: El martillo y atornilladores. Y más regalos que no recuerdo en este momento.

Por otra parte, mi familia también me llevó cosas. La Mirthita (mi prima), me regaló una olla que es mi regalona. Con esa olla, no tuve necesidad de pedirle una prestada a mi mamá y mi tía Ester me regaló una pintura al óleo de su propia creación.

A parte de la cocina, uno de los regalos más importantes que recibí, fue mi refrigerador, llamado “Bienvenido”. Regalo de mi tía y de Iván (cuando se les pasó el enojo y la relación mejoró). Bienvenido llegó en momentos de mucha desesperación. Era pleno verano y lo agradecí enormemente.

Estoy muy agradecida con todos, porque tuve tantos regalos como una novia y mis ex colegas me hicieron muchos regalos importantes. Había otras compañeras que también compraron casa en ese momento, pero no tuvieron la misma suerte que yo.

Me sentí, como una “novia sin vestido”…

jueves, abril 27, 2006

La Elección

A veces las circunstancias de la vida te obligan a tomar decisiones.
Muchas veces son decisiones que uno jamás,
ha pensado que algún día tomará.


Yo vivía feliz en casa de mi tía. Cuando pensaba en mi futuro, me veía en la casa, cuidando mis plantas, leyendo libros, viendo películas del cable, escuchando música y entregándole todo mi amor a mis animales. Ese mundo llenaba todas mis expectativas. Una vida tranquila y apacible, donde podría hacer las cosas que me gusta hacer.

Pero ese sueño se destruyó el día que mi tía Haydée me echó de la casa. Primero por haber tenido ese “affaire” con Luis y luego por haberme acercado a mi madre y a mi hermana.

Me estaba enfermando de los nervios con aquella situación. Mi mamá me ofreció su casa. Pero yo no quería vivir con ella. Ella, no quería que arrendara, quería que comprara.

Comencé a tirar líneas en mi cuaderno de cuentas y me hice el firme propósito de comprar.

Así… llegué a Quilicura con mi gran amiga Romy, un hermoso primero de octubre. Hacía un sol esplendoroso. La calle donde nos bajamos del metrobus (O’Higgins) era preciosa. En realidad es una avenida con un gran bandejón central, lleno de pasto y árboles. Fuimos a conocer las casas piloto. Me encantaron las casas. Me fascinó el gran parque a cuyo alrededor se construían las casas y que daba el nombre a la villa “Parque Central”. Me gustó el acceso privado (como condominio), el entorno, rodeado de cerros y de casas hermosas, la construcción de las casas, la distribución de los espacios, los grandes ventanales que llenan la casa de luz, la cocina espaciosa, las terminaciones y todo en general.

Cuando la Romy me dijo que fuera a pedirle un cheque a mi hermana para reservar la casa, me dio miedo. Ahí dimensioné la magnitud de lo que estaba haciendo. ¡Comprar una casa! Iba a contraer una deuda de años. Era algo inmenso, algo que debía costear yo sola con mi trabajo y mi esfuerzo.

Mi amiga, ya propietaria y con más experiencia me envalentonó y comencé los trámites del Crédito Hipotecario. Un crédito a 30 años, para pagar una casa de 1.300 Unidades de Fomento.

Yo quería una casa hermosa, no una casa básica. Quería que tuviera tres dormitorios (porque soñaba que con Gonzalo tendríamos dos hijos y si teníamos uno solo, quería tener una habitación para alojados). Quería tener un lugar para mi computador y mi conexión a Internet, una cocina grande, donde poder preparar todas las cosas que sé hacer. Por todo eso, quería una casa de más de 1.200 UF.

Sin tener un veinte ahorrado, me embarqué en varios préstamos (de los cuales mi mamá me ayudó a pagar uno) para pagar el pie que me exigían.

Cuando tenía todo listo, de sopetón le dije a mi tía que me iba de la casa. Ella no lo podía creer. Fue cosa de días. Me avisaron de la Inmobiliaria que tenía que ir a recibir las llaves de mi casa. Me acompañaron mis fieles amigas: Paola, Jenny y Romy.

Arrendé un camión y un 8 de diciembre del año 2003, me las enfilé hacia mi nuevo domicilio. Me acompañó en el traslado mi madre y mi fiel amiga Paola. Iván me ayudó a cargar las cosas al camión (que dicho sea de paso, lo llené. Nunca imaginé que tendría tantas cosas que llevarme. Cosas que había ido atesorando a través de mis años de trabajo). Me sentía ansiosa y emocionada. Mi tía ni me miraba. Cuando terminamos de cargar el camión me fui a despedir de ella. No me dio la cara. Así que me fui con la garganta apretada y con la vista nublada por las lágrimas. Salí de aquella casa casi llorando, con mi amiga Pao. Y ahí… comenzó mi aventura.

Llegué a Quilicura en la cabina del camión (tenía que guiar al chofer pues era la única que sabía el camino) y me instalé en mi casa. ¡Mi casa! El lugar donde yo era la dueña, donde nadie me podría echar.

Cuando llegué a casa mi maestro de cabecera me estaba haciendo las protecciones y la reja. Él me ayudó a descargar el camión. Me armó el closet, el sofá cama, instaló la cocina y me ayudó en varias cosas domésticas.

La Pao me acompañó en mi primera noche en casa. Dormimos en los colchones del sofá cama, que pusimos en el suelo alfombrado de uno de los dormitorios del segundo piso.

Nunca imaginé que algún día viviría sola. Nunca pensé, que tendría una casa, que elegiría las cosas a mi gusto y que las haría a mi manera, que yo sería quien decidiera cómo y cuando se harían las cosas.

Mi casa es mi orgullo. Es un gran logro que he cumplido (aunque aún me falten 28 años para terminar de pagarla). Es el esfuerzo más grande de mi vida y es mi razón de existir. En ella vivo contenta. En ella me siento realizada. Ella me protege y me cobija, ella… es como mi hija, a la que debo cuidar, hermosear y proteger, y es ¡mía! Mía sola.

miércoles, abril 26, 2006

Mi Buena Obra del día

17 de Septiembre de 2003
La Tatiana es una niña (compañera de trabajo) que tiene un corazón de oro.

Para las vísperas de las fiestas patrias, normalmente celebrábamos en el patio del trabajo. Se hacía un asado con hartas ensaladas. Tomábamos un vasito de chicha, comíamos empanadas y nos daban bebidas individuales. También había de postre mote con huesillos y torta de mil hojas.

Este año, quedó una gran cantidad de pan, no sé si porque compraron mucho o porque sobró. El caso es que también quedó ensalada de tomate con cebolla. Entonces la Tatiana dijo que para no botar esa comida le lleváramos pan a la gente que anda botada en la calle.

Me dijo que la acompañara y fui con ella. Nos dirigimos al cuarto piso, donde estaba la sala de descanso y la gran mesa donde compartíamos los desayunos, almuerzos y onces. Preparamos unos sandwich de tomate con cebolla. La Tati llenó una bolsa con pan y salimos a repartirla por la calle.

Eran más de las nueve de la noche. Yo nunca me había fijado en detalle en esa gente que duerme y vive en la calle. Había una abuelita que estaba acostada en un rinconcito y le preguntamos si quería pan…dijo altiro que si. A todos los que les preguntábamos si querían pan decían que si.

Me sentí bien dando de comer a gente que necesita. Hay tanta gente así que duerme en las calles y uno es indiferente, me considero entre esa masa indiferente, ¿cuántas veces he pasado por ahí y habré visto un viejito en la calle y no me he preocupado si tiene algo para comer? También había un hombrecito que siempre se pone a recoger cartones. Anda con un triciclo y acarrea los cartones y rastrojea en los basureros. Tiene un perrito. Es un Labrador café clarito. Le hice cariño al perrito mientras habábamos con ese buen hombre y parece que le gusté (al perrito) porque cuando agarró la confianza se me quería subir encima. Me dio gusto sentir que también el perrito lindo, iba a comer pancito con aquel hombre que se sentía orgulloso de su fiel amigo.

Creo que esa fue la mejor obra de caridad que he hecho en mi vida. Recorrer la calle para dar de comer a gente desvalida. Me siento grande. Me siento orgullosa y feliz.

miércoles, abril 19, 2006

Un Cumpleaños Feliz


29 de Junio de 2003
Hoy fuimos a festejar un cumpleaños a la Mía Pappa. Fui con mis amigas Romy y Paola.

La Mía Pappa es un Restaurant donde se puede comer a destajo (tenedor libre). Está ubicado en 11 de Septiembre a la salida del metro Manuel Montt. Llegamos tempranito porque supimos que el horario de atención era de 12:30 a 16:00, así que llegamos allá a las 12:35.

Las chiquillas a instancias mías no habían tomado desayuno, pero yo si tomé, jejeje no pude evitarlo.

Nos explicaron cómo era el sistema y nos llevaron para empezar, un traguito. La Romy y yo tomamos, la Pao no bebe nada que tenga alcohol. Ella tomó jugo. Nosotras empezamos con una Vaina, que me encantan, bueno, todos los tragos me gustan. Eso estaba acompañado con unas empanaditas de queso y unos trocitos de pizza. (podíamos repetirnos pero no lo hicimos para no llenar nuestros estómagos antes de tiempo).

Luego que nos servimos el aperitivo. Nos paramos y fuimos al tonel donde están los vinos. (es como un autoservicio), tomamos un jarro y echamos un rico vino tinto. Luego fuimos a los jugos y sacamos jugo de melón. Nos fuimos a nuestros puestos y dejamos eso y partimos a servirnos las ensaladas, ah, entre que hacíamos todo eso métale sacando fotos, nos sacamos 17 fotos sólo ahí (en el recinto me refiero). Luego fuimos a un lugar donde hay una parrilla inmensa y hay un tipo que prepara las carnes, nos preguntó qué queríamos comer. Yo pedí pollo, carne de vacuno y chuleta de cerdo (para la repetición pedí carne de vacuno y longaniza - que también me encantan). Comimos tranquilamente porque no había apuro y teníamos harto tiempo.

De pronto la Romy dijo hagamos un alto. ¿Y qué tal si le entregamos los regalos?, le dijo a la Pao. - Yaaaaaa!!!!! dije yo. Y entre foto y foto me entregaron los regalitos.

Mientras yo habría los regalos comencé a escuchar la melodía del “feliz cumpleaños” y miré a las chiquillas con emoción y alegría. Habían preparado todo especialmente para que justo en ese momento se celebrara un cumpleaños unas mesas más allá. Entonces, las chiquillas se sumaron al coro de voces que entonaban la canción y yo aún con los regalitos en la mano las miraba contenta.

La Romy me regaló unos aritos de oro, eran dos estrellitas pegaditas que me coloqué de inmediato en mis orejitas. La Pao me regaló una crema (es que le bolseaba la de ella) y un disco de un cantante Español llamado Alex Ubago (desconocido aún en Chile, pero conocido por mí, por una canción que me envió Gonzalo por Internet "Sin Miedo a Nada").

Luego que charlamos y nos bajó un tanto la guata. Pedimos las pastas... las tres comimos lazzaña (para empezar, jejeje), luego la Pao (que es re flaca y mañosa pa comer) pasó... y nosotras con la Romy (que somos más buenas pal diente y por consiguiente más gorditas) pedimos: ella fetuchini y yo Ñoquis... Los ñoquis fueron porque Gonzalo se acuerda de mi cumpleaños porque allá en Uruguay, es el día de los ñoquis, así que en su honor, pedí ñoquis para celebrar. Entretanto nos paramos como tres veces a buscar más jugos y más vino. El jugo de melón se había terminado, así que continuamos con el jugo de piña. Ahí se me ocurrió hacerme un pequeño ponchecito así que alié el vino y el jugo y quedó más rico que no se qué.

Al cabo de otra gran charla, pedimos el postre. La Pao helado de vainilla y chocolate, la Romy Leche asada y yo torta de chocolate (tenía que celebrar con alguna tortita) - para empezar nuevamente - al rato pedimos otro postrecito... Yo pedí torta de mil hojas y la Pao se entusiasmó y pidió lo mismo, esta vez la Romy pasó. Jajaja las acompañé en todo, no pasé ni una, ¡ni siquiera el desayuno! Bueno, era la festejada también.

Íbamos a seguir consumiendo, cuando pensamos que ya nuestros estómagos estaban bastante satisfechos, así que todas pasamos la “agüita perra” pa bajar la panza. Pedimos la cuenta, pagamos y nos fuimos.

Íbamos a caminar unas cuadritas para bajar la "llena", pero no pudimos, porque estábamos que caíamos tumbadas en una cama a dormir la siesta. Yo ni siquiera quería llegar a casa (aún había problemas con mi tía e Iván). Pero cuando llegué, me alegré porque me conecté con mi amado y ahí estuvimos largo rato charlando por el msn.

Y así pasó un cumpleaños más para la vida tranquila y apacible de Angélica.
Foto: Paola y yo

lunes, abril 17, 2006

Saludo a Papá

19 de Junio de 2003
Hoy llamé a Gonzalo y me contestó su padre. Hablé con él. Él me agradeció el saludo que le envié el domingo. El domingo fue el día del padre y yo le envié un saludo a través de Gonzalo.

Ya no tengo a quien saludar en un día del padre. El domingo me acordé, de los 17 años que lleva fallecido mi papi. Me acordé, de cuando llegaba todas las tardes del trabajo con su gran bolso café colgado al hombro, (bolso que llevaba al trabajo, lleno de comida) y lo veía entrar a la casa, pasando por la terraza.

Yo tenía 19 años cuando nos dejó. Nunca hablé con él de hija a padre. Nunca tuve confianza con él ni para contarle cuando algún niño me gustaba en el colegio. Pero aunque no teníamos un diálogo íntimo, siempre me hizo notar el gran cariño que me tenía. Siempre me abrazaba y me besaba y sé, que se sentía orgulloso de mí.

Su ausencia fue una de las primeras huellas de dolor que fue tallándose en mi corazón… no podía hacerme a la idea de que nunca más lo vería. Con los años fui comprendiendo que estaba enfermo, que no tenía amor (amor de pareja), y que debe haber sufrido mucho con la separación. Quizás por eso buscaba olvidar a través del alcohol todos los fines de semana. Se embriagaba hasta caer tumbado en su cama para despertar y seguir tomando. Buscando saciar su sed de soledad.

Cuando se fue, comencé a mirar a mi tío Hugo (su hermano mayor) como un padre. Lo quería mucho a mi tío y yo era su sobrina regalona. Cuando llegaba a casa de él siempre me atendía, me preparaba ponchecitos para que tomara y se desvivía por hacernos sentir bien. Me decía “Angeliquita” con tanto cariño.

Cuando se pasaba de copas como mi padre, me decía lo mucho que me quería y a mi me daba gusto escucharlo porque mi amor por él era tan grande también. Era mi tío preferido, lo admiraba por muchas cosas.

Cuando lo ví tendido en su cama por última vez, me deshice en llanto. Le tomé sus frías manos, apretándolas, acariciándolas, frotándolas y tratando de alguna forma de darle vida con mi calor y le besaba su frente una y otra vez, buscando con ello revivirlo, para hacerle sentir el gran cariño que le tenía.

Se fue el mismo día que yo cumplía años y ahora, en un día del padre también lo recuerdo a él.

Cuando el padre de Gonzalo me agradeció el saludo, me dieron ganas de preguntarle si podía adoptarlo como padre. Me dieron ganas de saber si yo le gustaría como hija, como pareja o esposa de Gonzalo y me dio penita. Me bajó un llanto que no puedo controlar, porque a través de él me acordé de mi tío y de mi papi y de lo mucho que los he necesitado y extrañado.

Pensé en lo felices que son las personas que todavía tienen a su padre para saludar en este día. Y pensar también, que hay tantos otros que ni siquiera los valoran, y que tarde, se dan cuenta y se arrepienten… cuando ya, no hay nada más que hacer...