Mi Buena Obra del día
17 de Septiembre de 2003
La Tatiana es una niña (compañera de trabajo) que tiene un corazón de oro.
Para las vísperas de las fiestas patrias, normalmente celebrábamos en el patio del trabajo. Se hacía un asado con hartas ensaladas. Tomábamos un vasito de chicha, comíamos empanadas y nos daban bebidas individuales. También había de postre mote con huesillos y torta de mil hojas.
Este año, quedó una gran cantidad de pan, no sé si porque compraron mucho o porque sobró. El caso es que también quedó ensalada de tomate con cebolla. Entonces la Tatiana dijo que para no botar esa comida le lleváramos pan a la gente que anda botada en la calle.
Me dijo que la acompañara y fui con ella. Nos dirigimos al cuarto piso, donde estaba la sala de descanso y la gran mesa donde compartíamos los desayunos, almuerzos y onces. Preparamos unos sandwich de tomate con cebolla. La Tati llenó una bolsa con pan y salimos a repartirla por la calle.
Eran más de las nueve de la noche. Yo nunca me había fijado en detalle en esa gente que duerme y vive en la calle. Había una abuelita que estaba acostada en un rinconcito y le preguntamos si quería pan…dijo altiro que si. A todos los que les preguntábamos si querían pan decían que si.
Me sentí bien dando de comer a gente que necesita. Hay tanta gente así que duerme en las calles y uno es indiferente, me considero entre esa masa indiferente, ¿cuántas veces he pasado por ahí y habré visto un viejito en la calle y no me he preocupado si tiene algo para comer? También había un hombrecito que siempre se pone a recoger cartones. Anda con un triciclo y acarrea los cartones y rastrojea en los basureros. Tiene un perrito. Es un Labrador café clarito. Le hice cariño al perrito mientras habábamos con ese buen hombre y parece que le gusté (al perrito) porque cuando agarró la confianza se me quería subir encima. Me dio gusto sentir que también el perrito lindo, iba a comer pancito con aquel hombre que se sentía orgulloso de su fiel amigo.
Creo que esa fue la mejor obra de caridad que he hecho en mi vida. Recorrer la calle para dar de comer a gente desvalida. Me siento grande. Me siento orgullosa y feliz.
Para las vísperas de las fiestas patrias, normalmente celebrábamos en el patio del trabajo. Se hacía un asado con hartas ensaladas. Tomábamos un vasito de chicha, comíamos empanadas y nos daban bebidas individuales. También había de postre mote con huesillos y torta de mil hojas.
Este año, quedó una gran cantidad de pan, no sé si porque compraron mucho o porque sobró. El caso es que también quedó ensalada de tomate con cebolla. Entonces la Tatiana dijo que para no botar esa comida le lleváramos pan a la gente que anda botada en la calle.
Me dijo que la acompañara y fui con ella. Nos dirigimos al cuarto piso, donde estaba la sala de descanso y la gran mesa donde compartíamos los desayunos, almuerzos y onces. Preparamos unos sandwich de tomate con cebolla. La Tati llenó una bolsa con pan y salimos a repartirla por la calle.
Eran más de las nueve de la noche. Yo nunca me había fijado en detalle en esa gente que duerme y vive en la calle. Había una abuelita que estaba acostada en un rinconcito y le preguntamos si quería pan…dijo altiro que si. A todos los que les preguntábamos si querían pan decían que si.
Me sentí bien dando de comer a gente que necesita. Hay tanta gente así que duerme en las calles y uno es indiferente, me considero entre esa masa indiferente, ¿cuántas veces he pasado por ahí y habré visto un viejito en la calle y no me he preocupado si tiene algo para comer? También había un hombrecito que siempre se pone a recoger cartones. Anda con un triciclo y acarrea los cartones y rastrojea en los basureros. Tiene un perrito. Es un Labrador café clarito. Le hice cariño al perrito mientras habábamos con ese buen hombre y parece que le gusté (al perrito) porque cuando agarró la confianza se me quería subir encima. Me dio gusto sentir que también el perrito lindo, iba a comer pancito con aquel hombre que se sentía orgulloso de su fiel amigo.
Creo que esa fue la mejor obra de caridad que he hecho en mi vida. Recorrer la calle para dar de comer a gente desvalida. Me siento grande. Me siento orgullosa y feliz.

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